lunes, 11 de diciembre de 2017

Trenzar presenta Infinito. 8 acciones para sanar


Performance que llama a la reflexión acerca de la violencia que viven las mujeres. Participan: Anaí Padilla, Alba Leiva, Alejandra Lava, Alondra Flores, Inés Melchor, Klaudya Prudencio, Martha Ocampo y Mehida Monzón.


¿Qué es el infinito para ti? Es la pregunta a través de la cual ocho jóvenes mujeres exploran su vida y plantean cada una un concepto de Infinito diferente. Trazando un recorrido por la Casa Trenzar, las y los viajantes podrán ser testigos de esas ocho respuestas dentro de ocho espacios propios para cada historia infinita. Una experiencia intensa, sensorial y de resistencia.

Infinito es una performance, propuesta itinerante que llama a la reflexión acerca de la violencia que viven las mujeres. “Consideramos que, como mujeres, preguntarnos ¿Qué es el infinito? es de mucha importancia; hoy en día las mujeres nos vemos envueltas en situaciones de diferentes tipos de violencia, episodios que muchas veces logran que nos olvidemos de nosotras mismas como seres humanos”, señala Micaela Távara, facilitadora de dirección de la propuesta. “Muchas de estas mujeres deciden callar por diferentes motivos, ya sean temores u otros, por lo que en este proyecto se exhorta a las intérpretes y a las y los viajantes a buscar en su interior, descubrir los límites que surgieron dentro de sí y transformar sus experiencias futuras”, puntualiza Távara. Facilitadora de producción: Lu Calvimontes

Sobre la directora

Micaela Távara. Pedagoga Teatral egresada de la Escuela de Ballet de la Universidad Nacional de San Marcos y del Conservatorio de Formación Actoral. También obtuvo el grado de bachiller en pedagogía teatral de La Escuela Nacional Superior de Arte Dramático. Se desempeña en performance y piezas escénicas sobre temas de memoria y derechos humanos. Ha dirigido las intervenciones artísticas de la campaña “Déjala Decidir”, “28J” y “Un hombre no Viola”. También ha dirigido la puesta “8 infinito” y “La Rebelión de las Polleras”. 

En el 2014 fue reconocida por El Comercio como uno de los 5 rostros jóvenes más importantes de la danza, y por el Ministerio de Cultura como una de las 50 creadoras más influyentes. En el 2013 La Municipalidad de Carabayllo la reconoció como “Mujer Carabayllana 2013”. Es parte de la colectiva de artivismo feminista Trenzar y fundadora de la Red de productoras y Creadoras culturales, Collera Red.


Casa Trenzar
Av. Lima 243, Barranco
Del 13 al 17 de Diciembre
Doble horario: 7:00pm y 9:00pm
Entrada: 30 soles 
Fb: TrenzarPeru
Escribir a: colectiva.trenzar@gmail.com
Llamar al 987278176 (Lu Calvimontes)

Rosalí León-Ciliotta: “Veo la literatura como una herramienta de cambio…”



“El impulso que hemos tenido en la literatura infantil en la última década es algo que tendría que haberse dado hace 20 o incluso 30 años atrás…”, nos dice en la presente interviú la autora del exitoso libro infantil Romi y el Sol.


Hace algunas semanas llegaron a nuestras manos los libros Romi y el Sol (SM, 2011) y Romi y el mar (SM, 2015), novelas infantiles que nos cuentan la historia de una niña tierna y curiosa, que dedica la mayor parte de sus escasos nueve años a encontrar una respuesta a todo aquello que atraiga su atención, de la periodista y escritora de Literatura infantil, Rosalí León – Cilliota.

Ad portas de publicar Isa en CiberLima, su nuevo libro, Lima en Escena charló con la autora.



-Rosalí, antes de charlar sobre tus dos libros: Romi y el Sol  y Romi y el mar, desearíamos saber más sobre ti. ¿Cómo empieza tu vínculo con la escritura?

-Desde pequeña me gustaba el mundo de la imaginación, de la fantasía, pero las ganas de contar historias; de escribir toda la vida, me surgió después de leer la saga de Harry Potter: me pareció tan fascinante que dije “Yo quiero contar historias así.” 

-¿Cuántos años tenías cuando leíste tu primer libro?

-No recuerdo el primer libro que leí, pero sí recuerdo dos colecciones que me apasionaban mucho cuando era chica -quizá tendría 8 o 9 años-, y curiosamente eran libros informativos: la Enciclopedia Ábrete Sésamo, de Plaza Sésamo y los libros del Cómo, Cuándo, Dónde y Por qué. Ya un poco más grande -10 o 12 años-, me encantaban los libros de la colección de Los Hollister, un grupo formado por seis hermanos que resolvían misterios en cada libro. Un poco como Romi. Se suman a estos los libros de Agatha Christie, la clásica narradora de misterios. En estos títulos me encantaba ver cómo iban juntando las piezas y dándote la información para que, “juntos”, resolvieran los misterios. Creo que estas lecturas han sido plenamente responsables de la creación del personaje de Romi; los libros giran en torno, justamente, a un misterio o una misión, y la información que lleva a que Romi cumpla sus misiones.

-¿Cómo nace esta necesidad de escribir historias para niños?

-No lo veo como una necesidad, la verdad, pero si como una pasión. Una necesidad es algo que te genera ansiedad, sin lo cual no puedes vivir, mientras que una pasión es algo que eliges cada día y que cada día que lo haces eres un poquito más feliz. Pero más allá del asunto conceptual, prefiero escribir para niños porque los niños son mucho más receptivos, no tienen tantos prejuicios encima como los adultos. Y si los tienen, pues los pueden derribar con más facilidad. 

 Veo la literatura como una herramienta de cambio además del valor literario, pasional y de entretenimiento que opera sobre lo más básico del ser humano, que es su forma de ver y percibir las cosas; en este caso, a través de lo que leen. 
Y qué mejor que trabajarlo con los más pequeños, los ciudadanos del futuro. Quizá sea ilusa, o incluso arrogante, pero creo en ello con la máxima inocencia y sinceridad posible. Y bueno, los adultos tampoco me caen tan bien, como siempre les cuento a mis lectores y lectoras cuando los visito. Los adultos son aburridos... Los niños no tanto. Acaso es mi manera de resistirme a crecer; quién sabe.

-Eres una lectora amante de las sagas El Señor de los Anillos o Harry Potter. ¿A que le atribuyes este gusto por el género fantástico?

-Me pasa lo mismo con las películas. Es lo que siempre le digo a mi esposo cuando vamos al cine: “¿Para qué ver películas realistas o dramas si ya tienes bastante realidad en el día a día?”.  Por supuesto que también disfruto de una buena película o un buen libro, sea del género que sea, pero la paso mejor cuando sé que, por un lado, hay más por lo cual esperar, y por otro, cuando hay algún elemento fantástico por ahí. Para mí la literatura es una manera de escapar de la realidad y repensar tus formas de enfrentarte a la vida. A través de la fantasía se puede lograr ambos, pero con un elemento extra que no tienes en la realidad. Curiosamente, esos son mis gustos de lectura, pero hasta ahora no he escrito un libro fantástico, aunque me encantaría hacerlo. Imagino que el género me gusta tanto que la vara con la que me mediría sería demasiado alta.

-Son los personajes y las situaciones que se desarrollan en las historias de Harry Potter lo que más llaman tu atención…

-Sí, en Harry Potter y muchas otras sagas de fantasía que me fascinan. Es leer o ver, si se trata de una serie o una película algo que no existe y que por lo tanto te permite acercarte a los temas importantes de maneras mucho más abiertas y alternativas. Y claro, alimentar la imaginación en su lado más salvaje, nunca está demás.

-Sin embargo debemos destacar que dentro de tus lecturas de títulos emblemáticos Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro tiene un lugar especial en tus preferencias como lectora.

-¡Sí que han hecho su tarea conmigo! Sí, Ribeyro tiene un lugar especial en mi librero y en mis gustos. Las Prosas apátridas me encantan porque yo soy una persona que observa mucho su entorno, y me encantaría poder poner en palabras atrapantes y reflexivas todo lo que percibo. Ribeyro en este libro pone en palabras simples, hermosas y precisas todas las observaciones e intuiciones que tiene sobre lo que le rodea. Mi enorme gusto por este libro es una cuestión de aspiración y admiración.

-En el Perú se ha impulsado notablemente todo lo referido al segmento de la literatura infantil. Los autores de este género tienen mayor visibilidad, mayor demanda, el programa del plan lector de las escuelas públicas se fortalecen. ¿Cuál es tu percepción al respecto?

-Si bien estamos avanzando mucho, creo que todavía hay demasiado por hacer. Estamos en pañales. El impulso que hemos tenido en la literatura infantil en la última década es algo que tendría que haberse dado hace 20 o incluso 30 años.
Aunque suene un poco pesimista, me parece que no se toman realmente “en serio” el poder y la necesidad de la literatura en la formación de los niños. Lo siento como un check en una lista de cosas que tienen que agregar al currículum escolar. No hay información sistematizada, no hay crítica real, no hay acceso o motivación más allá de la lista de útiles del año. Y es algo triste, pero que creo que vamos a cambiar en los años venideros. La literatura infantil y juvenil tiene que trascender el ámbito escolar y establecerse como una forma más de ocio y de desarrollo personal en los niños y jóvenes, que son los futuros adultos que construirán el país que todos queremos.



-Consideras que el Perú tiene una tradición en lo concerniente a la literatura infantil.

-Sí, pero no ha sido suficientemente estudiada, valorada o potenciada. Autores como Óscar Colchado Lucio, Jorge Eslava o Roberto Rosario tienen décadas escribiendo para los lectores más jóvenes. Y si pensamos más atrás, en el siglo XX, nos encontramos con las obras de Carlota Carvalho, las fábulas de Adolfo Vienrich o la poesía de Rosa Cerna. Incluso grandes representantes de la literatura nacional como Valdelomar, Vallejo  y si estiramos a la literatura juvenil, Arguedas tiene personajes adolescentes, por ejemplo y los mismos Mario Vargas Llosa y Bryce Echenique han tanteado el territorio de la literatura infantil en más de una ocasión.

-Siempre se habla de que el Perú no es precisamente un país lector y le imputan una serie de taras al respecto. ¿Cuál es tu percepción sobre esta problemática?

-Tristemente, los números no mienten. El Perú lee poco. Solo el 35 % de las personas afirma que lee y el promedio de lectura es de 0,86 libros al año por persona en el país.  La lectura se sigue percibiendo como algo aburrido desde la escuela, que solo hacen los “ratones de biblioteca” o los cultos considerados por muchos como una especie aparte. Los padres, madres y docentes tampoco hacen demasiado por cambiarlo. Hay más factores en juego, como bien mencionó el jefe de la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura, Ezio Neyra a principios de este año: “[esto] se debe a diferentes factores como la falta del fomento de la lectura en el hogar y en los colegios, un problema de acceso a los libros y la escasez de bibliotecas públicas en el país”. Sin embargo, considero que dé a pocos los autores y en cierto grado las editoriales estamos cambiando esto, y creo que estamos construyendo un hábito lector que se verá en los próximos años y en nuestros niños a medida que vayan creciendo.

-Charlemos sobre Romi y el Sol y Romi y el mar, dos libros significativos en el nicho de la literatura infantil actual. ¿Cómo nace Romi, esta pequeña amante de la naturaleza a quien persigue y descubre a través de recurrentes a los seres que la rodean?

-Romi nace como una extensión de mí, creo. Soy una persona muy curiosa, con preguntas rondándome la cabeza a cada momento. Como les conté al inicio de la entrevista, también me gusta observar las cosas a mí alrededor, y la esencia de Romi está en su punto de vista único y diferente: Romi observa lo que está en su entorno y se cuestiona el statu quo y el motivo por el que suceden las cosas. Y esto da origen a cada una de sus aventuras.

-Romi es vivaz e inteligente. Se las ingenia para saber más sobre el papel que cumple el sol y el mar en la vida. ¿Qué te llevó a incorporar estos dos elementos en la historia?

-Cada vez que pienso en una nueva aventura de Romi busco que sus lectores empiecen a agudizar su percepción del mundo y a no aceptar las cosas como les dicen que son cosa que los adultos hacemos todo el tiempo, y con ello, matamos de a pocos el sentido común y la capacidad de maravilla que tienen los niños. Busco algo cercano, que cualquier niño pueda ver y experimentar, y pretendo que no lo den por sentado; que no asuman que las cosas a su alrededor son así “porque sí” o que no cambian. Así, el sol y el mar son a la vez experiencias y sensaciones tangibles para los niños, al mismo tiempo que son mundos completos por dentro. La rotación y traslación, por ejemplo, o la composición de la arena y la espuma del mar que pueden explorar y descubrir desde otro punto de vista.

-La música en la vida de Romi. Le gusta The Beatles. La historia de Romi tiene también su banda sonora. ¿Qué papel juega la música en tu proceso creativo?

La verdad, yo no puedo escribir creativamente si estoy escuchando música. Me gusta tanto que si la prendo terminaré cantando horrible, bailando sin ritmo o experimentando todas las sensaciones que transmite. Para mí, los acordes, los instrumentos, los ritmos… todo sobre la música se me hace fascinante, y a través de mis libros quiero comunicar ese amor por el arte.  Procuro que todos tengan su propio soundtrack. Además —y esto ya es una cuestión personal y prejuiciosa—, creo que la música actual es muy plana y cada vez se desvirtúa más el valor de las letras y de las combinaciones de ritmos y notas en favor del éxito de los 100 beats por minuto. Por último, cuando pongo una canción en un  libro (verás que en mis otros libros, De cómo Lana venció a la tormenta o Isa en CiberLima, también hay canciones), busco que las letras agreguen algo de significado a lo que se cuenta, ya sea reflejando lo que está pasando, adelantando algo de lo que pasará o transmitiendo lo que el personaje está sintiendo.


-Y el deporte…

El deporte fue capital en mi formación infantil y adolescente. A mí me encantaban los libros, pero también era una niña y adolescente muy inquieta. Incluso me diagnosticaron TDAH desde muy pequeña, de manera que tenía mucha energía qué quemar para poder concentrarme y desenvolverme adecuadamente en la escuela y demás entornos aunque igual nunca fui muy buena alumna; supongo que mis gustos y sensibilidades no cuadraban con las de mi colegio.
Creo que ambos ámbitos: la lectura y el deporte son capitales para la formación del estudiante: desde la disciplina que ambos requieren hasta el cultivo de la persona en cuerpo y mente que cada uno logra por su lado.

-A través de una serie de experiencias con su familia, con el mar, la historia de Romi y el mar destaca la belleza de Colán, el balneario ubicado en Piura, en donde la niña y su familia pasan unas vacaciones. Cuéntanos de tu relación con esta playa.

-Mi relación con Colán ha tenido dos fuentes: una meramente mental o imaginaria, y otra de cortos encuentros llenos de felicidad y anécdotas. La experiencia que más nutre el libro de Romi y el mar es la relación que tengo con Colán a través de lo que siempre me ha contado mi padre, pues él es de Piura, y con su familia pasaban los veranos de su infancia y adolescencia en Colán. La otra vertiente que dio vida a la historia del libro es de mi propia experiencia en la playa. Yo he ido dos o tres veces, pero tengo recuerdos muy bonitos de cada una de mis visitas. Por último, creo que también he trasladado muchas de mis propias experiencias y sensaciones con respecto a la playa al escribir este libro. Pasaba los veranos de mi infancia y adolescencia frente a la arena y el mar, en compañía de primos y amigos, pero no en Colán, sino en San Bartolo, que es un balneario tradicionalmente veraniego, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Lima.

-Otros elementos que enriquecen la historia son las relaciones familiares, los juegos infantiles, el tema de la comida, las leyendas rurales… ¿Estas atmósferas recogen tus vivencias de niña?

Sí y no. Yo tuve una infancia muy activa, marcada por cercanas relaciones con mi familia inmediata y el círculo más amplio que formaban los amigos íntimos de mis padres; sus hijos e hijas siempre fueron como primos y hermanos para mí, y al construir las relaciones de Romi creo que he sumado y resumido mis más hermosas experiencias familiares y las he colocado en un mismo entorno. De repente podríamos llamarlo un mundo ideal, pero supongo que también para eso escribimos: para transmitir y perpetuar todo lo que amamos de la vida y lo que quisiéramos para los demás.
Sobre la comida… qué te puedo decir, yo amo comer, pero de chica era muy fastidiosa; un poco como Romi. Y al igual que ella, a mí me hacían probar los platillos, me gustara o no, y a partir de ese “forzarme a probar” fue que aprendí a amar la comida y a arriesgarme en otros tantos ámbitos de la vida, aunque no estuviera segura del resultado.
En cuanto a los cuentos populares e historias “rurales”, pues supongo que es mi aporte a preservar y valorar las culturas originarias, porque hoy en día todo pasa tan rápido que a menudo perdemos de vista de dónde venimos, y esto se traslada a los más jóvenes, de manera que dejamos de lado enseñanzas milenarias y formas distintas de enfrentar y transmitir los valores y experiencias acumuladas de nuestros antepasados.

-Finalmente. Jugar con elementos como el sol y el mar responde a un tema de reflexión sobre el cuidado del medio ambiente.


-Sí, para mí el cuidado del medio ambiente es algo muy importante, pues es el futuro de toda la raza humana lo que nos estamos jugando al no ser conscientes de todo el daño que hacemos a la Tierra. Con mis libros busco acercar a los jóvenes lectores la conciencia de todo lo que podemos hacer y lo que podemos cambiar para dejar un planeta mejor y más cuidado para las generaciones futuras. Junto con el empoderamiento de las niñas, la naturaleza y el cuidado del ambiente son dos temas comunes y transversales a todos mis libros, desde un enfoque u otro. 
Isa en CiberLima, mi más reciente libro, que saldrá de imprenta en las próximas semanas, es quizá mi acercamiento más “atrevido” o directo a esta problemática: la protagonista se enfrenta a una Lima paralela en la que todos los problemas ambientales de la ciudad se convierten en peligros tangibles, inmediatos y de vida o muerte para sus habitantes, y ella tiene que encontrar la manera de derrotarlos utilizando su valor, su sentido común y sus conocimientos.


domingo, 10 de diciembre de 2017

La poeta peruana Teresa Orbegoso presenta en Lima su libro “Perú”


El poemario nos habla de la armonía del dolor y la reconciliación con el pasado familiar y personal. Recientemente se presentó en las ciudades de Buenos Aires, Mar del Plata, Valpariso, Chiapas, Sucre.


Este miércoles 13 de diciembre se presenta el libro de Teresa Orbegoso sobre la armonía del dolor. Perú fue publicado el 2016 por la prestigiosa editorial Buenos Aires Poetry en Argentina y este año se reedita en Lima por la editorial peruana: Hanan Harawi. Poemas del libro aparecen en las revistas de poesía más importantes de Latinoamérica. El 2018 se reeditará en Guatemala por Pequeña Ostuncalco Editorial (Poe).

Perú, de Teresa Orbegoso, recopila en un libro de casi noventa páginas la armonía del dolor y la reconciliación con el pasado familiar y personal. La autora plantea con él un recordaris de su vida en su país natal; una tierra que, como su texto, se encuentra inundada por un conjunto de presencias que guían nuestra travesía por los intersticios del corazón y de la mente. No obstante, no se debe pensar que estamos ante un poemario instalado en el recuerdo, ya que Perú crece como crecen las piedras y avanza como avanzan los árboles. Sus raíces no siempre están ocultas y, cuando se dejan ver, lucen sonrisas y lágrimas en una misma niebla que se empecina en esconder el pasado, aunque sin éxito.

Sobre la autora

Teresa Orbegoso. Perú/Argentina. Licenciada en Periodismo. Investigadora social. Escritora. Actualmente cursa la maestría en Escritura (UNTREF). Tiene un diplomado en Creatividad publicitaria. Ha sido becada por la OEA, el INDES BID, la Fundación Tallberg.  Ha publicado los libros de poesía: Yana wayra (Ed. Urbano marginal, Lima, 2011); Mestiza (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012); La mujer de la bestia (Ed. Trópico Sur, Maldonado, 2014); Yuyachkani junto a la artista plástico Zenaida Cajahuaringa (Ed. La purita carne, Lima, 2015) y Perú (Ed. Buenos Aires Poetry, Argentina, 2016). Parte de su trabajo ha sido incluido en la antología sobre la vigencia del poema en prosa en Sudamérica: Del caos a  la intensidad (Ed. Hijos de la lluvia, Perú, 2017).

Ha compuesto la música para el libro La casa sin sombra de Claudio Archubi. Ha sido invitada a varios festivales internacionales de poesía. Reseñas sobre su escritura, sus libros y poemas aparecen en distintas revistas latinoamericanas. Tiene a su cargo la página de entrevistas a creadores hispanoamericanos migrantes: Migraciones poéticas. Participa del colectivo Poetas de la biblioteca en Buenos Aires, Argentina.

La cita es en la Casa de la Literatura Peruana. Desde las 19:00 hs. Los comentarios críticos estarán a cargo de los poetas: Mario Pera y Leda Quintana. También habrá una charla con los editores: John Martínez y Ana Mónica y la lectura de: Yolanda Rojas, Rosa Rodríguez y la propia autora. La entrada es libre y gratuita.




viernes, 8 de diciembre de 2017

Colectivo Trenzando Fuerzas presenta Navidarte, tu regalo con Arte



Jornada de exhibición venta de piezas únicas de arte contemporáneo y tradicional peruano.


Para el colectivo Trenzando Fuerzas la Navidad es un carnaval de amor familiar, ternura y alegrías, pero también es la oportunidad ideal para dar y compartir el verdadero sentir de los peruanos a través de su arte, su cultura y su memoria. Con este mensaje realizarán la primera edición de Navidarte, tu regalo conArte, el martes 12 de diciembre a partir de las 12 del día, en Dada Centro Cultural, ubicado en la Av. San Martín 154 Barranco.

Será una jornada de expresión artística con exhibición venta de piezas únicas de arte contemporáneo y tradicional peruano, en la que habrá también música, cantos, juegos y moda con identidad, con ingreso libre. Parte de lo que se recaude por la venta de las piezas en exhibición, servirá para llevar un poco de alegría y regalos para la Navidad de los niños de la ONG “Mamilinda” y ALDIMI/Casa amor, que ayuda a niños con cáncer.


Por una Navidad peruana con regalos que lleven un mensaje y un significado más profundo y con identidad, 29 creadoras y creadores, entre artistas plásticos contemporáneos y maestras de arte tradicional, participarán en este evento cultural en el que se podrá adquirir desde cuadernos de Toqapus para diseñar de Zadir Milla hasta  piezas en pintura, dibujo, grabado, fotografía, esculturas, cerámica; juguetes blandos con identidad, indumentaria con identidad, bijoutería y textiles de la selva y sierra peruana; bolsos, libretas, libros de la editorial Hanan Harawi y bordados, entre otras piezas originales.

Además habrá demostraciones de arte con mostacillas por las Maestras de la comunidad Shipibo Conibo de Cantagallo, recital de poesía con Teresa de Orbegoso que presentará su libro Perú-la patria de la poesía, y demostración de juegos con los Trompos de Alan Márquez.

El programa incluye también un Desfile de Moda con Identidad, con las colecciones de temporada de las diseñadoras Lourdes Chambi y su marca Somos libres, Lici Ramírez y su emprendimiento social Corazón Carnaval, Jesucita Carpio y sus diseños de Libertaria y Nora Carrasco de Amazónikas. Participan: Liliana Avalos Mendoza, Shila Alvarado, Clara Benu, Elena Candiotti, Nora Carrasco Apaza, Flor M Calero Amaro; Rubén Calderón, Zenaida Cajahuaringa Rivera, Jesucita Carpio Aliaga, Rosamar Corcuera, Lourdes A. Chambi Chiara, Cristina Flores, Caro Galleta, Pancho Guerra García, José Gómez, Miguel Lescano, Alan Márquez,  Wilma  Maynas Inuma, Zadir Milla, Natycucha Muñoz-Olivos, Patricia Janet Orbegoso Álvarez, Olinda Silvano, Silvia Ricopa, Zadith Silvano, María Ramos, Susana Vásquez Torres, Pool Vásquez y Graciela Trillo.


El Colectivo Trenzando Fuerzas agradece a sus aliados: Pilar Ramos y Diva Producciones, al Centro Cultural Dada, a nuestros artistas y a su referente, amigo y maestro, César Ramos, antropólogo y gestor cultural quien en vida promovió y enseñó la importancia de un arte inclusivo y sanador por una sociedad más justa, floreciente y orgullosa de sus raíces.


Trenzando Fuerzas invita a todos a sumarse a este evento, “porque el Perú es más que una marca y es de todos los peruanos; de nuestras comunidades originarias, de nuestros creadores, de nuestros maestros tradicionales, de nuestras culturas ancestrales, de nuestros niñ@s, de toda nuestra memoria colectiva. Porque aquí nadie sobra. Y porque con arte y cultura somos libres, seámoslo siempre”.


Esperando a Godot de la Asociación de Artistas Aficionados (AAA)



La sensación de desamparo que deja la obra al final de la misma todavía sigue pintando el cuadro humano que describe al hombre en todas sus búsquedas.


Escribe: Luis Paredes

Celebrando prácticamente sus 80 años de vida institucional, la Asociación de Artistas Aficionados (AAA), ha reiniciado una breve temporada de Esperando a Godot de Samuel Beckett. Obra emblemática de los albores del teatro  moderno; siempre que se toma a Beckett para dar cuenta de sus “demonios” teatrales es porque se desea arriesgar nuevas formas teatrales y este montaje de la AAA no es la excepción. Bajo la dirección del joven director Omar del Águila y un elenco encabezado por Ximena Arroyo y Manuel Calderón, cuenta también con la participación de Percy Velarde y Juan José Oviedo, sin olvidar a Omar Rosales.    
                                                                                             
La obra desde su inicio no deja de sorprender al respetable por la atmósfera que la propuesta ha configurado arriesgando la idea de un mundo donde el individuo se pierde en una serie de especulaciones que en nada ayudan a describirlo como tal. Esperando a Godot ha hecho correr ríos de tinta intentando categorizarla. Los más importantes investigadores de teatro la sitúan como la iniciadora junto con La Cantante Calva de Ionesco del teatro moderno; luego de las aportaciones filosóficas de Pirandello y Gordón Craig que configuraron una riqueza impresionante a la construcción del personaje. Indudablemente que todo teatro moderno no puede deshacerse del recuerdo y la impronta de Seis personajes en busca de Autor de Pirandello, La Cantante Calva de Ionesco y Esperando a Godot.

Los protagonistas Didí (Manuel Calderón) y Gogo (Ximena Arroyo) dan rienda suelta a una serie de asedios de su realidad circundante sin ceñirse a un estilo realista, al contrario, dando pábulo a un sinnúmero de recursos histriónicos van desde el claun hasta las secuencias grotoskianas, pasando por el music hall como quería Beckett muy sardónicamente.                                                                                                                                    
Cada vez que vuelvo a ver Esperando a Godot pondero las cualidades de magnífico narrador que habitan en su autor; pese a los artificios a los que tenga que echar mano el actor y el director para configurar estos extraños personajes en el espacio escénico, el texto los conduce de forma clara hacia la innegable configuración de la condición humana: es decir, hacia las preguntas que dan origen al ser y las preguntas que rondan en todos en cuanto su condición de ser se ve expuesta en toda su rigurosa desnudez.

Es cierto que para afrontar semejante compromiso como montar Esperando a Godot, se tendrá que recurrir a una idea base con la suficiente claridad que la terquedad de Beckett a ser claro requiere. Es decir, es necesario luchar contras las propias convicciones de Beckett como artista, casi lo mismo sucede con otro grande que es Bertold Brecht(en las antípodas ideológicas de aquel) donde traicionarlo va a dar mejores resultados que seguirlo a pies juntillas.

Lo rico del montaje de Del Águila es esta valoración previa del clásico lo cual dice mucho del tiempo que ha pasado desde mediados del siglo pasado (época caracterizada por el eco de grandes conflictos bélicos) hasta nuestros días en que nos aprestamos a celebrar 200 años como república independiente.

Las presencias escénicas de Lucky (Juan José Oviedo) y Pozzo (Percy Velarde) son un acierto en cuanto aparecen para llenar de sentido escénico la puesta. No son gratuitas presencias de relleno, sino obedecen a un bien tramado ejercicio de oportunidad escénica y contrapunto valioso con las presencias de Didí y Gogo cosa que no siempre fue bien visto por el autor pero que escénicamente llena de mayor sentido la escena: dentro del sin sentido global en la que reposa la obra.

Muchos genios del teatro han interpretado a su modo la significación de Godot; unos dicen que es Dios, otros la Revolución, otros con cierta ironía opinan que es el propio Beckett; pero lo cierto es que la sensación de desamparo que deja la obra al final de la misma todavía sigue pintando el cuadro humano que describe al hombre en todas sus búsquedas.

La celebración de estos 80 años de la AAA no pudo haber elegido mejor obra que hable del esfuerzo del hombre por sobrevivir dentro de un mundo absurdo. La propuesta de hacer arte todavía es una piedra en el zapato para muchas autoridades y entonces la AAA ya está demostrando que si es posible hacer arte en Lima y en todo el Perú invirtiendo sobre todo el corazón.

“Esperando a Godot”
Temporada: hasta el 10 de diciembre
Funciones: viernes y sábado a las 8 pm.
Domingo a las 7pm.
Teatro de la Asociación de Artistas Aficionados
Jirón Ica 323 - Lima.




Reponen Un chico de Bosnia en el Teatro de Cámara del C. C. El Olivar.



Una historia actual que con una hermosa carga poética y una narrativa elocuente nos muestra cómo los horrores de la guerra afectan a los inocentes.


Luego de sus presentaciones en el Centro Cultural Ricardo Palma y el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión social (LUM), vuelve a los escenarios, por última vez, la obra Un chico de Bosnia bajo la dramaturgia del holandés Ad de Bont y la dirección de Felien De Smedt y la participación de los actores: Sergio Armasgo, Jorge Armas, Katya De los Heros y Andrea Chuiman. El montaje, bajo la producción de Idea Original, se estrenó en el Teatro de Cámara del Centro Cultural El Olivar.

En Un chico de Bosnia, Djuka y Fazila son refugiados bosnios y están aquí para contarte su historia; suya y la de su sobrino, Mirad, un joven de 13 años que encarna a las víctimas de la violencia de un país en guerra. Una historia penosamente actual y universal que, con una hermosa carga poética y una narrativa elocuente, nos muestra cómo los horrores de la guerra afectan a los inocentes. Si bien está enmarcada en la guerra interna de Bosnia de los años ‘90, las matanzas, las desapariciones, los campos de prisioneros, los refugiados entre otros son elementos comunes de las guerras de todos los tiempos y lugares. Mirad, el protagonista, representa a todas esas personas que, víctimas inocentes de una guerra, se ven obligadas a huir para garantizar su sobrevivencia.

Ad de Bont (Ámsterdam, 1949) dramaturgo y director de teatro holandés. Ha trabajado en varios teatros en Holanda, dedicándose principalmente a escribir, adaptar y dirigir teatro para jóvenes. Entre 1993 y 1994 escribió la obra Un chico de Bosnia. El interés por culturas poco conocidas es un tema recurrente en sus obras. Muchos de sus textos han sido traducidos a varios idiomas. A lo largo de su carrera, de Bont ha recibido una variedad premios, tanto por su dramaturgia como por su dirección.


Felien De Smedt (Bélgica, 1985) es filóloga, actriz y directora de teatro. Radica en el Perú desde el año 2010. Es egresada del programa de actuación del Centro de Formación Teatral Aranwa. En el año 2013 tuvo su debut como actriz en el escenario limeño con La Ronda. En el año 2014 actuó en ¡Bryce, a mí con cuentos!; trabajó como asistenta de dirección en las obras Eclipsadas (Teatro A.A.A) y Crímenes del Corazón (ICPNA Miraflores). En el año 2016 se graduó como directora teatral en el Centro de Formación Teatral Aranwa, siendo Un chico de Bosnia la obra que presentó, para graduarse, en el Teatro Ricardo Blume. Antes de vivir en Perú, estudió actuación en la Academia Omer Van Puyvelde en Gante (Bélgica) y fue miembro del grupo de teatro Krakeel (Merelbeke, Bélgica).

Idea Original, es una productora de teatro independiente que busca contribuir a la profesionalización y difusión de las artes escénicas en el país así como la revalorización del rol de las artes escénicas en nuestra cultura a través de propuestas novedosas y adaptadas a las necesidades del consumidor actual que busca entretenimiento de calidad. Gestionan proyectos atractivos que permitan atraer nuevos públicos y que al mismo tiempo sean una plataforma que capte y busque desarrollar talento joven de todas las ramas profesionales de nuestro medio.

Desde junio de este año la productora apoya a los niños refugiados que viven en el Perú mediante una colecta de útiles escolares que se llevará a cabo junto con las presentaciones de la obra teatral Un chico de Bosnia. Estas donaciones son recibidas por la ONG Encuentros, entidad que vela por los refugiados en el Perú de la mano con ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados. Antes de las funciones, el público podrá donar los útiles escolares que desee en el mismo Centro Cultural El Olivar.


Un chico de Bosnia
Entrada General: S/.30.00 nuevos soles
Estudiantes y jubilados: S/.20.00 nuevos soles
Entradas: Atrápalo 15 soles hasta el 10 de diciembre

Entradas a la venta en la boletería del teatro.



martes, 5 de diciembre de 2017

Homenaje a Arturo Corcuera


Corcuera moldeó sus versos experimentando diversas formas: la fábula, el refrán, la adivinanza, el haiku japonés, en un estilo reflexivo, lúdico, intimista, social, pero también cargado de un fino humor, de cierta ironía…

Fotos: archivo familiar

Escribe: Gaby Cevasco

He sido una lectora de la biblia, la he leído toda, por interés de conocer cómo fue surgiendo la necesidad de una religión; pero, también, por motivos literarios. Es asombrosa la riqueza de imágenes que genera su lectura, empezando por cómo serían sus personajes principales, cómo se les podría representar, más allá de los estereotipos que nos ha dado Holywood. No sé qué piensan ustedes, pero a medida que fueron pasando los años, Arturo Corcuera fue adquiriendo la imagen de un personaje bíblico, cada vez que lo veía me decía: así debió ser la apariencia de Noé”; claro, sé que es un personaje imaginario, pero a los que nos gusta la literatura sabemos que siempre nos construimos una representación física de los protagonista. Este Noé bíblico y el Noé delirante se hicieron uno a lo largo de los años: cabello largo, entrecano, piel canela, de apariencia algo frágil, algo nerviosa. Ahora, en realidad, ambos Noé son delirantes, son poéticos, y ambos trascienden la historia de sus propias epopeyas.

No me voy a detener en los datos biográficos del poeta, ya todos los conocen, era de Trujillo, dicen que de la generación del sesenta, algunos señalan que fue más bien un precursor de esta. Ganó diversos premios, acá y más allá de nuestras fronteras: el Premio Nacional de Poesía 1963, Premio Internacional de Poesía Atlántida 2002, Premio Internazionale di Trieste di Poesia 2003, el Premio Casa de las Américas 2006 con su libro A bordo del arca…

Publicó, entre otros, Noé delirante (1963), Las sirenas y las estaciones (1976), Poesía de clase (1968), Puente de los suspiros (1982), Declaración de amor (1995), Canto y gemido de la tierra (1998), Puerto de la memoria (2001), A bordo del arca (2006), Vida cantada. Memorias de un olvidadizo (2017)

En los últimos tiempos vi su nombre como editor en la hermosa revista de arte Vuelapluma de la Universidad Ciencias y Humanidades, y me alegró leer la noticia este año que recibió la Orden Rubén Darío de Nicaragua y el premio FIL Lima Literatura 2017, que otorga la Cámara Peruana del Libro.

Cuando se habla de un poeta se empieza por sus compromisos sociales, sus adhesiones políticas, sus rebeldías; olvidando muchas veces que ya de por sí el acto creativo es un acto de rebeldía, no solo frente a lo dominante y opresivo del mundo exterior, también frente a los karmas que nos oprimen como personas, como seres lanzados al mundo de la vida, buscando el sustento de nuestro propio pensamiento que esculpe nuestra identidad, pero, también, que sienta las bases de nuestra libertad. Alguien dijo que solo merecen la libertad aquellos que luchan día a día por conseguirla y mantenerla. Precisamente, el cuestionamiento a la existencia de Dios empezó luego que los filósofos se preguntaran que en “esta secreta geometría” (Leibniz) de su naturaleza y poder, qué espacio de libertad le quedaba al ser humano. Bueno, hay filósofos que niegan la propia libertad de Dios, “al ser esclavo de su propio plan”; quizá, los pequeños dioses que son los seres humanos, son esclavos de su propio plan, y de esto no están libres los poetas, a pesar de su rebeldía.

Creo que el acto más desafiante que ejecuta el poeta es encontrar la armonía entre su propio mundo interior y las palabras. No menciono el mundo exterior porque este ya está triturado, convertido en la propia carne del poeta de tanto rumiarlo, y que luego, hechos una sola masa, el mundo exterior e interior, con ella moldea sus versos.

Corcuera moldeó sus versos experimentando diversas formas: la fábula, el refrán, la adivinanza, el haiku japonés, en un estilo reflexivo, lúdico, intimista, social, pero también cargado de un fino humor, de cierta ironía. Tiene un dominio sorprendente de la palabra y crea sus propias formas de expresar, con un lenguaje puro, lírico, pero también coloquial. Es admirable, asimismo, su fantasía alimentada del paisaje y fauna no solo de su natal Salaverry (Trujillo), sino de otras regiones y de otros países, de sus lecturas, de historietas, de la televisión, del cine… Todo entra en esta poderosa arca, todo lo que ha encontrado y asimilado en su vida.

Para Corcuera, el poeta es un niño, que mira el mundo con los ojos de su espontáneo sentir y de su imaginación; es decir –interpreto yo–, todo fluye, como un dios que recrea las cosas para darles nuevas formas, de manera que sean hechuras de su propia mano. Ello se expresa claramente en su poesía, creando una voz personal y un estilo depurado.

Hay una hermosa frase que recoge un diario  en una entrevista al poeta, donde este señala que "La perfección es infinita, uno puede seguir modelando, pero, al final, cada poema es un concierto inconcluso”; nada más cierto, por eso la necesidad del autor de publicar, para acabar con el deseo obsesivo de corregir, buscando esa perfección que es imposible, porque no existe. Por eso, siempre, un poema, un cuento, una novela, es un “concierto inconcluso”, en el que las notas están conformadas por las palabras, pero, igual que una pieza musical, poseen una armonía que es la piedra filosofal que busca siempre el escritor. Corcuera expresa esto, de una bella manera, en el poema El arca viajera de Bombay Palace: “Después de una larga travesía, navegando por los espejos llegó el arca al / dormitorio. Y en él guardo mis poemas, hasta que maduren como las frutas”.


Toda esta búsqueda y procesos llevaron a que su poesía significara un cambio importante en el quehacer poético y su obra, en especial Noé delirante, se convirtiera en una obra fundamental para el Perú.

A mi entender, Corcuera pertenece a una generación de poetas en la que todavía el escritor cumplía el rol de mediador en la sociedad; como cumplieron esa función poetas como Carmen Ollé y las de la generación del ochenta, que expresaron lo que muchas mujeres en el Perú querían gritar, pero que callaban por mandato social. Hoy la poesía es más individualizada, pero igual, sigue siendo rebelde, y en esa rebeldía exponen sus heridas, y, a través de ese acto, exponen las heridas que cada uno vive en este país.

Corcuera, como hijo de la Guerra Fría, tuvo una posición, y en su poesía lo hizo a su manera, tomando a personajes representativos del nacionalismo y cultura estadounidenses: el águila, el pato Donald, Ciro Peraloca, Pluto, entre otros; tal vez contagiado por aquel famoso libro Cómo leer al pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelar (aunque después este se desdijo), libro emblemático de la literatura política de los años setenta.

Confieso que he sido una devoradora de todo tipo de historietas, y con la primera feminista que me encontré fue con la pequeña Lulú.

Tengo entre mis poemas favoritos el de Tarzán y el paraíso perdido. Los animales en el arca de Corcuera no solo son los animales reales o ficticios, también los seres humanos, en este caso Tarzán, pero en realidad nos habla del actor de su niñez, Johnny Weismuller, enjaulado entre los barrotes de la locura de creerse Tarzán. Un Tarzán que ni siquiera era dueño de su característico grito, sino una creación mezcla de los gruñidos de un cerdo y las notas de un tenor.  Y entre los ataques de locura de Tarzán, el poeta adolescente suspira en secreto por Jane, la de los níveos brazos (como era llamada la diosa Hera), un amor que ocultaba entre las sombras de los destartalados cines de su barrio.

También entre mis predilectos están los poemas dedicados al cuervo, El maese cuervo, “Sombra de plumas / que empolló la noche”. Cuánta belleza y sentido en tan solo dos versos. Y está ese otro poema dedicado a un cuervo de madera que en su oscuridad esconde su deseo de ser de carne y hueso para arrancarle los ojos al poeta (Fábula del cuervo oriundo de Ginebra).

Corcuera es un poeta que está no solo en la historia de la literatura, también entre las/os peruanos y los latinoamericanos, entre grandes y chicos, y estoy segura que alentará en muchas/os el amor a la poesía y a la lectura en general. Con cada libro nos enseña no solo a regocijarnos con su poesía, también a mirarnos a nosotros mismos y a tener una visión crítica del mundo que nos rodea, a no aceptarlo tal como nos está dado; sino día a día, a partir del oficio que desarrollemos, a transformarlo en una realidad más justa para todas y todos
  

Texto que la escritora Gaby Cevasco presentó durante la Semana de la Literatura en San Marcos, en el homenaje a Arturo Corcuera. Noviembre 2017.




viernes, 1 de diciembre de 2017

Mariela Dreyfus: “Sigo enamorada de esa adolescente que fui, empeñada en componer canciones, consumiendo poesía…”



Soy una amante del teatro griego y leo a Shakespeare desde la adolescencia; un epígrafe suyo –y otro de Vallejo- presiden mi Gravedad, nos dice la poeta en la presente interviú.


Leer Gravedad [Poemas Reunidos], de la escritora y académica Mariela Dreyfus, título publicado recientemente por el sello editorial Artepoética Press, es realmente un privilegio, un honor. ¿Por qué? Sencillamente porque desde hace un puñado de años títulos emblemáticos de la autora como Memorias de Electra (1984), Placer fantasma (1993), u Ónix (2001), tres de los seis libros incluidos en este texto ya no se encuentran en circulación en nuestro país y es de vital importancia que todo buen lector pueda acceder a ellos.


Gravedad se presentó el 10 de agosto pasado, día que coincidió con el cumpleaños de la poeta Blanca Varela, autora que para Dreyfus es de vital importancia. Aquel día los  ejemplares se agotaron. Mariela señala que en breve llegará al país más títulos del citado ejemplar los cuales se venderán en la Librería Inestable. Para charlar al respecto Lima en Escena contactó con la autora.




-Mariela, Gravedad nos ofrece una retrospectiva de tu trayectoria como poeta. Accedemos a seis de tus poemarios publicados entre 1984 y 2015, algunos poemas inéditos y  dispersos de Poemas aparte y un adelanto de La edad ligera, título aún no publicado. ¿Cómo ha cambiado tu escritura después de 30 años de gritar tu disconformidad con un entorno social aún pacato y colonial…?

Pasa que en cada conjunto he ido ensayando diversas modulaciones de la voz, nuevas formas y ritmos, siempre preocupada en “pensar la vida”, como dice Blanca Varela en un verso, y preguntarme de modo insistente por aquello que esencialmente nos concierne y constituye: el amor, el cuerpo, la muerte. La disconformidad persiste, claro, lo mismo que el malestar; es desde esa extrañeza con el mundo que siempre he escrito, en realidad.

-Nuestra sociedad no ha cambiado. El tufo del colonialismo aún lo sentimos. Leer los poemas que se desprenden de tu libro Memorias de Electra nos lleva también al plano de la denuncia. ¿Cuáles fueron los motores, los ejes que te permitieron dar vida a Memorias de Electra, tu primer libro?

El motor más grande fue la juventud de una poeta que tenía una mirada fresca y una mente inquisidora. Sigo enamorada de esa adolescente que fui, empeñada en componer canciones, consumiendo poesía sentada en un banco en la azotea para marcar en alto el compás, luego integrante de un grupo multidisciplinario de artistas, bandas de rock y poetas, el colectivo Kloaka, a los 22, 23 años de edad en medio de un país que se caía a pedazos con la crisis. Memorias de Electra es una síntesis de esos años inolvidables y he recuperado ese momento en algunos poemas de Cuaderno músico y en la colección La edad ligera que actualmente compongo. Es una vuelta en círculo a esa poética de la intensidad –no sé si exactamente de la denuncia- que le permite al yo lírico decir que “las palabras deben tener olor a pólvora”, verso que recientemente rescató Karina Valcárcel para titular así su texto de presentación de Gravedad en Lima, reproducido luego por Mario Pera en su importante revista digital, Vallejo & Co.


-A lo largo de la lectura de Gravedad tu  poética se desdobla una y otra vez. Eres madre o amante. Trabajas desde lo femenino y lo masculino. Escribes en ambos roles. Háblanos sobre esta necesidad de darle ambas miradas a tu lírica.

Me has hecho recordar el verso hermoso de Pizarnik: “No puedo hablar por mi voz sino por mis voces”, para aludir a esos monólogos afiebrados que suelo construir en mis poemas para dejar que hablen en mí las voces de otros, ya sea artistas, músicos, poetas o personas del álbum familiar. Ese recurso teatral me permite, como bien dices, jugar con distintas perspectivas y roles. Soy una amante del teatro griego y leo a Shakespeare desde la adolescencia; un epígrafe suyo –y otro de Vallejo- presiden mi Gravedad. Pero en Morir es un arte tengo también un poema dedicado a Sarah Kane, dramaturga inglesa contemporánea de temprana y trágica muerte; en otro poema de Ónix hago hablar a la poeta y mística Santa Teresa; en “Dame tu traje lila” de Cuaderno músico le otorgo mi voz a Juan Parra del Riego y en “Una voz un color un paso” a Carlos Oquendo de Amat, dos poetas de la vanguardia que admiro; en fin.

-El cuerpo es una preocupación y una exploración recurrente a lo largo de tu producción poética. Las imágenes y metáforas del cuerpo en lo erótico, en lo sensual, en la enfermedad y en el deterioro… ¿Estamos ante una ruptura constante con  lo canónico?

No creo que la ruptura sea una búsqueda tan consciente, programática, pero de hecho me interesa incidir en esta mirada caleidoscópica sobre el cuerpo, en toda su densidad y en toda su desnudez; mirarlo como objeto físico, en su especificidad y finitud, y en todas las connotaciones y resonancias que tiene, en su valor simbólico –agregado o depreciado-, en su pathos, en su erótica y en su morbidez. El cuerpo es el protagonista de toda la experiencia terrenal, la única posible; es el cuerpo el que hace que yo pueda sentir, sentarme, ponerme los anteojos y escribir.

-Me agrada esa cartografía lírica de lo urbano, de tu ciudad o las ciudades por las cuales transitas. Esta Lima configurada desde diversos ángulos en tu primer poemario. Me resulta poético leer y atisbar que esa ciudad ya no existe. ¿Cómo ha sido tu relación con tu ciudad, particularmente la reflejada en tus primeros títulos?

-Lima era mi escenario cotidiano, la recorría mucho en esos años, siguiendo la tradición bodeleriana del flâneur, iba de mi barrio de Lince al centro de Lima o los acantilados de Miraflores y Barranco; en una época también amplié mi radio al Rímac, a sus parques y paseos a la vera del río hablador; los poetas de los 80 teníamos una relación amor-odio con la ciudad, en ese momento sitiada por  el hambre, la violencia, el penoso deterioro de la arquitectura de su centro colonial, felizmente ahora recuperado. Durante unos años, en la temprana infancia, mis referentes habían sido el mar Pacífico a la altura de Pativilca y Tortugas, así como el río Santa. Y luego también está ese otro gran río que tengo tan cerca desde hace 28 años, casi la mitad de mi vida, el Hudson que corre al oeste de Nueva York, y se vuelve “metáfora de vida” -y muerte- en mi libro Pez, donde la voz poética habla de la gestación del cuerpo y la palabra en el contexto del 11 de septiembre.

-Y ahora cómo percibes a estas ciudades modernas...

Persiste esa mirada que pese a moverse en un registro hiperrealista se inclina también hacia lo onírico, tal como sucede por otra parte en los cuadros de Kike Polanco, pintor que fue parte del colectivo Kloaka en sus inicios y cuyo trabajo admiro. Con esa mirada es posible viajar por la ciudad real pero también de ensueño, hacer de este espacio como dije antes un escenario, el encuadre de un film, la sala en penumbra ideal para una performance. Esta sensación caleidoscópica, de movimiento continuo, la vivo a diario en Nueva York, expuesta como estoy a tantos sonidos de tantas lenguas a la vez. Eso ha ampliado los decibelios de mi escucha, lo cual ha devenido en la ampliación del verso en mis poemas, una mayor libertad que se corresponde con el ritmo vertiginoso de esta ciudad donde habito, y desde donde escribo, en un castellano que ya no es sólo limeño sino que abunda en préstamos de otros registros de la lengua y que tiene incluso incrustaciones del inglés; todo ese vértigo, pienso, ha sido muy saludable para mi poesía.

-La familia: el hogar, los padres, las hermanas, están presentes en Gravedad. ¿Qué tan importante es el núcleo familiar en tu proceso creativo?

Tuve la suerte de conocer a una de mis bisabuelas maternas, que era de la sierra de Ancash y vivió casi hasta los 96 años. Su hablar era hermoso y lo he recreado en un poema, mientras en otro aparece el momento de su muerte, que a los 11 años me enfrentó a la dolorosa certidumbre de nuestra finitud; era una mujer fuerte a la que quise mucho y miré siempre con reverencia, entre otras cosas porque me permitió trazar en la familia un linaje clarísimo de mujeres, era la madre de la madre de mi madre y luego seguía yo, una en la otra, como en ese juego de la matrioshka que aparece recreado también en mis poemas. La maternidad, esa dimensión corporal que sólo le compete al cuerpo femenino, me parece un momento cumbre, mágico; hablo aquí del afecto, del lazo que se genera, dejando de lado todas las versiones edulcoradas de la maternidad, sino más bien como un vínculo de sangre que comunica algo muy profundo, pero al mismo tiempo como la capacidad de generar temporalmente un cuerpo dentro de otro, dos mecanismos latiendo juntos. Encuentro una belleza muy grande en ese tipo de sincronía que se genera en el cuerpo gestante con un otro –u otra. Me gusta elaborar en torno a la génesis y expansión del núcleo familiar, de los padres, hermanos e hijos propios o ajenos, en un juego de espejos que muestra esa dinámica en toda su armonía y también en toda su disfuncionalidad. Ese núcleo intensivo de afectos que es la familia siempre me ha volado la cabeza y me la ha mantenido a la vez en su sitio, con un pie en la tierra, he de decir. 


-En Pez está latente la maternidad. La madre y su íntima relación con el nuevo ser desde el embrión. La transformación del cuerpo en esta deslumbrante etapa. Todo esto en medio de la luz y la oscuridad. ¿Cómo se transfigura tu poética a partir del instante mismo que traes a luz tu primer niño?

Desde 1988 llevo un diario de escritora repartido en numerosos cuadernos que ya ocupan un lugar visible en mi biblioteca; se trata en general de entradas breves con ciertos temas recurrentes que van hallando su coherencia a partir del fragmento y que incluye materiales tan diversos como borradores de futuros poemas o ensayos; pasajes de traducciones del inglés o el francés; citas de autores; dibujos a tinta de flores, caracoles o peces, repetidos con puntual obsesión.  La primera vez escribí mucho en plan confesional sobre la experiencia de ser una mujer gestante, pero ya la segunda vez que acometí maternidad, como me gusta decir apelando a ese humor negro que me conocen los allegados, decidí reelaborar ese material y trabajarlo poéticamente trazando un paralelo entre la gestación del cuerpo y la palabra a partir de una premisa básica: “Nadie escribe el poema por ti; nadie carga al bebé por ti tampoco”, aunque esto último pueda ser desmentido por la ciencia. El caso es que se trata para mí de dos experiencias extremas, intransferibles, en el vértice mismo del logro y el fracaso, la vida y la muerte.  Irrepetibles también, porque cada vez es un nuevo empezar. Yo estaba escribiendo Pez, sus partes y partituras aquí en Nueva York cuando ocurrió el atentado a las Torres Gemelas. Entonces a las imágenes luminosas de la creación se yuxtapusieron otras de signo contrario, tanáticas. Sin embargo Pez cierra con la esperanza de la vida renovada, que siempre se impone a la muerte.

-Cuaderno músico, es un poemario en donde se consagran todas las experiencias de vida de la autora registradas en sus primeros libros. ¿Se cierra una etapa?

Para mí es muy interesante lo que pasa en Cuaderno músico en el sentido de la libertad que me tomé al escribirlo, experimentando en primer lugar con esa forma continua del poema, sin puntuación alguna y de un aliento más amplio, más extenso también, donde la historia es apenas un pretexto para el despliegue verbal porque estoy, en efecto, más atenta a la música que al sentido, o en todo caso dejando que el sentido fluya libremente como una pieza de jazz; en ese patrón se basa en la “improvisación simétrica”, como la llama el poeta afro-norteamericano Yusef Komunyakaa, un recurso que rige también otras piezas ya escritas como el cuento “El perseguidor”, de Cortázar o el poema “A un pájaro llamado Charlie” de Eielson, ambos dedicados al gran saxofonista Charlie Parker. Incluso el epígrafe lee: “I’ll play it first and tell you what it is” [“Primero voy a tocarlo, luego te diré de qué se trata”] de Miles Davis como clave de lectura para este libro que como bien dices es un recorrido por todos mis caminos previos pero avanzando hacia la disolución de esa recta, apostando a otras vías de expresión ya no tan realistas sino inmersas en la música del lenguaje esta vez. Los poemas que he escrito recientemente andan en esa búsqueda, justamente.

- La crítica sostiene que el tema vivencial te emparenta con  Sylvia Plath. No soy académica,  todo lo contrario, soy una lectora de a pie, sin embargo, encuentro también una dosis de influencia de la autora norteamericana. No es casual tomar el verso “Morir es un arte” para darle el nombre con el mismo a uno de tus poemarios, ¿no?

Sí, claro, si te fijas el poema 13 de La edad ligera empieza con el verso “Padre Rimbaud Madre Sylvia Plath…”; es decir, en esos nombres y en otros, como los de Shakespeare y Vallejo, están la vetas por las que más o menos ha transcurrido mi poesía: el tono dramático; los temas que nos conciernen de manera más próxima: el amor, el deseo, la muerte; la creación de un yo confesional; los poemas como monólogos dramáticos donde les otorgas a otros la voz; la violencia de la palabra, la búsqueda por romper esquemas, perturbar. Plath en particular me fascinó desde que la leí mientras preparábamos una antología de poesía norteamericana de los años 60s para el INC; descubrir ese corte de verso, preciso, ríspido a veces, otras musical, esa intensidad en la voz para encarar temas cruciales como el nacimiento o la muerte, me disparó la imaginación a los 20 años. Después indagué en otros poetas dentro de la corriente poética confesional, como el fundador, Robert Lowell, y Anne Sexton, Randall Jarrell, John Berryman, cuya saga lírica, Dream Songs, me fascina. Rimbaud por su parte me llevó directo a los surrealistas y a los Beatniks, claro, y de paso a Patti Smith, que lo adora.